La Ciencia del Evangelio


18 Apr
18Apr

La Ciencia del Evangelio trata con el pecado, algo que la humanidad persiste en ignorar

Hoy en día se valora el conocimiento como nunca. Citar a la ciencia es citar a una comunidad de hombres y mujeres estudiosos, que se esfuerzan, crecen y mejoran su comprensión del mundo, sin embargo, hoy en día, para muchos citar la ciencia es como citar a Dios.

 La ciencia moderna presenta leyes incuestionables pero también teorías difíciles de comprobar, por lo cuál no deberíamos recomendar una confianza absoluta en todas sus declaraciones. La ciencia, por ejemplo, ha descuidado un aspecto fundamental que viene siendo nuestro talón de Aquiles. Curiosamente pasan los siglos y aún no se estudia el mayor problema científico de la humanidad: La maldad.

La historia del hombre y la experiencia personal dejan claro una gran verdad que ni siquiera la psicología logra enfrentar, que el ser humano tiende a ser malo y que la humanidad se aplasta a ella misma en la búsqueda de placer, poder y felicidad. Somos autodestructivos y precisamente ese es el problema que el evangelio enfrenta.

Romanos 7:21 Así que, queriendo yo hacer el bien, hallo esta ley: que el mal está en mí. 

El evangelio enfrenta y resuelve el problema de la maldad humana, o lo que es lo mismo, el pecado.

El pecado se define como una ley, un principio activo que muchas veces induce al ser humano a hacer lo que no quiere, en contra, casi, de su propia voluntad de hacer el bien.

Romanos 7:19-20 Porque no hago el bien que quiero, sino el mal que no quiero, eso hago. Y si hago lo que no quiero, ya no lo hago yo, sino el pecado que mora en mí. 

Los pecados diversos, las malas decisiones y los pequeños egoísmos, son, según la Biblia, resultados de esta ley más global que habita en nosotros.

Carlos Marx fue un eminente sociólogo y filósofo que intentaba resolver las desigualdades y conflictos que se generan entre las diversas clases sociales, sus teorías terminaron incitando a la lucha de clases pero nunca pudieron solucionar el problema fundamental por el cual una parte de la sociedad era explotada por otra, no se ha podido solucionar el egoísmo que carcome toda la historia humana.

Un pasaje interesante de este personaje nos vislumbra cuán poco están dispuestos los hombres de pensamiento a enfrentar esta cuestión. En su época existía un grupo de soñadores a los que se les definió como “socialistas utópicos” pues querían convencer a los ricos de repartir sus bienes con los más necesitados. Marx se reía de ellos… pero nunca trató de explicar el complejo fenómeno que lo llevaba a reírse de esa solución. ¿Por qué es ridículo tratar de convencer a los poderosos de compartir su poder? Pues por la misma razón que la Biblia declara que necesitamos nacer mentalmente de nuevo, porque en la condición en la que se encuentra la humanidad sólo un cambio milagroso y externo puede salvarnos.

Este cambio lo obró Jesús al vivir como un ser humano y vencer el pecado, su muerte consumó una vida perfecta, y su perfección ahora se nos regala para que venzamos nuestras imperfecciones. Jesús perdona pues toma nuestro lugar como malvados delante de un Dios bueno, y también trasforma pues toma nuestro lugar en la lucha contra el egoísmo. No lo hace simbólicamente sino que lo hace en la práctica, si lo permites Jesús puede tomar el control de tu vida y vencer el pecado que mora en ti.


Romanos 8:2 Porque la ley del Espíritu de vida en Cristo Jesús me ha librado de la ley del pecado y de la muerte.

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Dios te bendiga mucho!